miércoles 19 de marzo de 2008

Norte o Sur


Cada año tiene una serie de citas obligadas. Navidad, Semana Santa, vacaciones de verano... a eso hay que unir las eventuales bodas, bautizos y comuniones que cada año, como es lógico caen en diferentes fechas. Son parte de la agenda, y por tanto, parte también de la rutina: vacaciones rutinarias, paradójico horror. Claro que también existe la alternativa de tomar esos días para hacer algo distinto, aprovechar para hacer un viaje con quien tu quieras o para perderse más allá de donde alcanza la cobertura de cualquier móvil. De hecho cada vez más gente aprovecha para huir del destino prefijado que por fecha nos depara el calendario. Ámsterdam, Praga o Londres fueron los destinos favoritos el año pasado durante la semana santa. Turismo protestante, podría decirse. Y sin embargo año tras año el religioso, como se empeñan en definir a la semana santa continúa presentando batalla. Algunos podrán pensar que el componente de fiesta tradicional pesa mucho en ciertos sectores, pero no termina de explicar que muchas ciudades del norte- León, Zamora, Valladolid...- donde la tradición está a años luz del arraigo del sur obtengan unos más que razonables beneficios gracias a las procesiones.
-Algo tendrá la semana santa-, pensé. Y precisamente movido por ese pensamiento aproveché el año pasado para hacer unas series. Y algo tiene, ciertamente... aunque no se si es suficiente para competir con los canales de Ámsterdam o con los individuos que pueblan Camden Town (dignos hijos de Enrique IV, por cierto)... y vosotros, ¿qué decís: merece la pena?

lunes 10 de marzo de 2008

Cuestión de marca

Ya está. Podemos descansar tranquilos. El apocalipsis tendrá que esperar. Ya tenemos candidato a Eurovisión-¡tenía que decirlo, es superior a mi!-. Ah, si... también nuevo presidente de gobierno. Bueno, nuevo, lo que se dice nuevo no. Más bien renovado.
En una especialmente agresiva campaña política en la que cada mínimo detalle de cada comparecencia ha sido minuciosamente observado, evaluado y utilizado a favor o en contra, los asesores han cobrado especial relevancia; en ese sentido alcanzamos el culmen de la esquizofrenia en los dos debates televisados donde sólo faltó que los candidatos vistieran de blanco para rematar la sensación de estar en un quirófano. O en un manicomio. Ambos iguales para poder diferenciarse mejor.


Identificar una empresa con un color es una de las primeras medidas para afianzar su imagen de marca. Es más, nos encanta hacer nuestro un color y así poder denostar el contrario (y en muchas ocasiones complementario). Ese color no sólo identifica una marca o un equipo sino que lleva implícitas una serie de connotaciones emocionales que inciden en la forma en que lo percibimos. Ocurre en el deporte, ocurre en la publicidad y me atrevería a decir que ocurre en todos los ámbitos de la vida. Rosa: niña. Rojo: Ferrari. Azul: Movistar. Verde: picoleto. Vivimos en un mundo de signos y colores y precisamente azul y rojo son de los que mejor funcionan. En ese sentido tanto PP como Psoe llevaban mucho terreno adelantado -por cierto, ¿de qué color es/era IU?-.

Terreno en barbecho, fue lo que debió pensar el equipo socialista a tenor de los sucesivos retoques que ha sufrido la imagen del partido en la figura de su secretario general. Pasó de Zapatero a Zp, posteriormente reconvertido en "Z" en una de las campañas más imaginativas, sorprendentes y provechosas que yo recuerdo en un partido político. Te guste más o menos, estés de acuerdo o no con el modelo político que representa lo que es innegable, a tenor de los resultados, es el gran trabajo realizado por sus asesores de imagen. Porque para salir a la calle y celebrarlo de esa manera hay que ser un cachondo o estar muy convencido... Decidanlo ustedes mismos.
















Buenas noches... (y buena suerte :p)










martes 5 de febrero de 2008

Explorando Fez

Nada más pisar el andén de la destartalada estación de Fez uno se da cuenta de que no sólo ha dejado atrás un continente -el europeo- más o menos conocido y acogedor, sino también una época. La primera visión que tiene el viajero es de absoluto desconcierto. Desde algo tan cotidiano como tomar un taxi a comprar en una tienda. Todo en Fez va a otro ritmo.
El tráfico, por ejemplo, donde comparten calzada, burros, peatones y automóviles con naturalidad pasmosa. Por no hablar de las carnicerías...
















Tras el shock de esta primera impresión se abre una ciudad totalmente distinta a como uno se la espera. A fuerza de recibir viajeros, los marroquíes- especialmente los más jóvenes- han ido sucumbiendo a los encantos del dinero fácil del turismo y resulta prácticamente imposible dar dos pasos sin que una legión de pequeños buscavidas se ofrezca para buscarte hotel, restaurante o cualquier otro tipo de servicio, eso si, al grito de ¡Dirham, dirham!. Lo malo es que uno termina por acostumbrarse y hasta se les echa de menos en los breves instantes que se toman un descanso.










Sin embargo si das el paso y te atreves a cruzar al otro lado del espejo comprobarás que el concepto de tiempo es mucho más relativo de lo que nos hizo creer el bueno de Albert... Es como si la propia medina contase con su propio reloj, como un metrónomo que marca el ritmo de la ciudad con absoluta indiferencia a lo que pase fuera de sus calles. La átmósfera resulta tan envolvente, tan irreal y contradictoria que llega un momento en el que en una esquina pasas de sentirte Indiana Jones - eso si, con Coca Cola y teléfono móvil- a pasearte por un futuro distópico como un replicante más -eso si, con Coca Cola y burros cargados de pieles-. Por cierto, prometo que no soy fan de Harrison Ford...
En fin...hablábamos de la parte más profunda de la Medina y allí es donde nos dirigimos. Desde las curtidurías, hogar de olores sin nombre que harían vomitar a una cabra, hasta los puestos de la zona alta en los que, si regateas bien puedes hacerte con la propia cabra por unos pocos dirhams, la medina es un auténtico espectáculo visual.

Los colores, la atmósfera surreal con que se vive en su interior y por supuesto sus propios habitantes... para cualquiera acostumbrado al ritmo monocromático y aséptico de las ciudades europeas entrar en Fez resulta un auténtico delirio, tanto de día como de noche; cuánto más si encima te gusta la fotografía...



















Dos días después de haber llegado huelo a comino, curry y qué se yo cuántas especies más por todas partes, tengo una cámara con la barriga llena y una barba de tres meses. Decido que es momento de pensar en la mejor forma de desandar los pasos que me han traído hasta aquí: aduana-tren-taxi-hotel; irónicamente lo hago sentado.
Mientras, doy pequeños sorbos de ese café amargo del que tan orgullosos se sienten en Marruecos...
Un rato después despido la ciudad en el taxi que nos lleva de vuelta a la "civilización" y me entretengo ojeando un pequeño libro de proverbios que nuestro chófer lleva en la guantera; un hombre romántico: está en francés. Aun así me animo a abrirlo por una página al azar: "Las cosas no valen por el tiempo que duran sino por las huellas que dejan".
Devuelvo el libro a la guantera mientras pienso en lo mucho que ha valido la pena este viaje: me va a llevar meses arrancar el olor a especias de la ropa.
Maa Salama



miércoles 7 de noviembre de 2007

Doble salto mortal


¿Como inauguración para un blog no está mal, no?
La exposición cuenta con un grupo de fotógrafos llegados desde casi todos los puntos de España y se mantendrá expuesta hasta enero. Bajo un título común "Through the lights" mostrará los diferentes puntos de vista y desarrollos a través de las instantáneas de estos seis (cinco más uno) fotógrafos. Pese a su juventud, la exposición cuenta con la participación de gente de peso, entre ellos el ganador del premio National Geographic del año pasado (tendréis que venir para descubrir quién es), una de las más originales fotógrafas de los bosques de Breogán y mucho, mucho fotoperiodista que debuta como expositor. Os esperamos a todos